Positiva en Covid, negativa en estado de ánimo: vivencia y reflexiones

Positiva en Covid, negativa en estado de ánimo: vivencia y reflexiones

Fui positiva en Covid a mediados de enero 2022, y entre los síntomas se encontró el estado de ánimo mermado completamente.

En todo mi proceso hubo un nexo en común que se mantuvo: tristeza y miedo prevaleciendo entre otros sentimientos.

Algo que pensé que era puntual parece ser más habitual de lo que creía, y quiero compartir mi vivencia contigo junto a reflexiones diversas que he tenido estos días pasados.

BSO para leer «Positiva en Covid, negativa en estado de ánimo»

«The same deep water as you» de The Cure, por la profundidad sonora en instrumentación y melancolía que transmite.

Pertenece al álbum «Disintegration», una obra maestra que he estado escuchando mucho últimamente.

Así que me parece muy apropiado que se convierta en la banda sonora para este texto nacido del desahogo. Ya sabes que puedes dar al play y leer, o bien leer y al terminar disfrutar de la canción, no importa el orden pero no olvides escuchar la pieza recomendada porque ayuda a enfatizar el mensaje:

¿Qué sintomas de Covid presenté?

Desde el primer día hubo fatiga que sigue presente levemente, y tuve dolor de garganta, cefaleas que no cesaron en varios días, un malestar corporal constante y sensación de resfriado fuerte que duró en torno a 5 días.

Desde luego parecía un caracol ante la mucosidad generada que no parecía tener fin. Y todo estuvo conducido por un síntoma, o tal vez consecuencia de la enfermedad: un bajón anímico muy grande.

También soy consciente de que en realidad mi sintomatología -y la de mi marido- ha sido leve en comparación con la de otras personas, por lo que intento animarme con esto sintiéndome afortunada porque sé que lo somos. Con este fideo de opinión pretendo desahogarme, sin más: las purgas emocionales ayudan a superar baches emocionales.

Ser positiva en Covid me ha generado muescas emocionales

Al principio pensaba que el estado de ánimo por los suelos se trataba de algo puntual en base a mi situación, ya que llevo una temporada de transición personal y profesional -crisis existencial puede ser- de la que soy consciente y de la que ya te había mencionado en el fideo «Por si las voces vuelven» de Ángel Martín, un libro que me marcó.

Por eso al encontrarme decaida simplemente lo achaqué de primeras a la continuidad de esa sensación que ya llevaba conmigo meses.

Pero al hablar con gente a mi alrededor que también fue positiva en Covid, y que realmente no presentaba un patrón anímico como el mío antes de infectarse, comprendí que esta sintomatología adicional era más habitual de lo que pensaba.

¿Qué otros síntomas he sentido durante Covid-19?

Tras ver el autotest positivo en casa no pude contener las lágrimas, y eso que ya estaba mi marido con síntomas desde hacía dos días por lo que era consciente de que difícilmente me libraría de ello. No me lo podía creer, y ahí estaba la negativa personal ante la evidencia -otro factor que se repite-: «no puede ser, no puede ser…».

Aún así, aunque me esperaba ser positiva en Covid, la tristeza, el miedo y la inseguridad han estado muy presentes desde el primer momento, y siguen conmigo.

He tenido charlas con varias personas que ya pasaron por la enfermedad, y coincidimos en bastantes situaciones emocionales vividas. Además, he leído al respecto y hay muchos casos compartiendo estos mismos sentimientos que te estoy abriendo.

Tal vez si estás pasando por lo mismo, o bien si ya lo has sufrido, me comprenderás. Y si aún te libraste simplemente te lo muestro por si te sirve de algo la información.

Así me he sentido desde que supe que era positiva en Covid

  • Miedo automatizado: rápidamente el cerebro comenzó su andadura por el amplio abanico de posibilidades de secuelas, y así he caminado a diario por ese catálogo del que espero no conservar nada tras la total recuperación. Por otro lado he sentido casi pánico ante el posible contagio de mi niña, que aparentemente no ha tenido síntomas -y le hicimos test un día antes de ir al colegio, dando negativo, aunque desde Seguridad Social nos dijeran que no hacía falta si no presentaba síntomatología en los últimos tres días-. Esto aportó alivio pero sigue el miedo ganando terreno.
  • Tristeza: la melancolía hizo su aparición el segundo día de confinamiento, quizás porque se removieron dentro emociones contenidas de aquellos 3 meses y medio que pasamos todo el mundo recluido en casa entre marzo y mayo 2020. Aún sigue conmigo aunque intento combatirla trabajando y desviando atención a otros menesteres.
  • Dificultad para concentrarme: me costaba crear contenido porque no me centraba. Al principio creía que era por estar enferma, que obviamente te deja con un malestar que impide estar a pleno rendimiento, pero la realidad es que fueron pasando los días y me siguió costando alcanzar la concentración hasta ahora. Parece ser que en torno a dos semanas es cuando se empieza a remontar.

La culpa, otro gran síntoma y legado de esta enfermedad

Hemos tenido cuidado en todo momento con la higiene en las manos, tanto en supermercados como en transporte público, en el portal de mi casa, en centros comerciales, etc. y de hecho hemos mirado con lupa a qué sitios acudir. Además, siempre llevamos mascarillas de repuesto para sustituirlas tras las horas pertienentes y seguimos guardando distancias de seguridad cuando el espacio lo permite.

Pero a pesar de tener cuidado hemos acabado contagiándonos, por lo que me he sentido fracasada en ese proceso cuidador en el que en cierto modo me autoexijo más de lo que debería. He tenido días complicados: he llorado, he tenido remordimientos y también me he sentido mal por autocompadecerme cuando en verdad estamos recuperándonos sin relativos problemas.

Pero si pasas por un proceso donde los pilares de la autoconfianza fallan ante la pérdida de control de una situación que realmente no depende de ti, por mucho que pongas medios para evitar contagios, es normal que la culpa gane terreno, oscurezca la alegría y que la autocompasión acabe anidando y expandiendo sus raíces alrededor de la seguridad para bajar los ánimos y con ello subir la culpa.

He comprendido que somos víctimas de un sistema enfermo

Realmente sé que no es malo sentirse mal, pero a veces la presión social está ahí. Puede generar estragos buscando culpables donde no los hay, y es que existe una guerra comunicativa donde se ha trabajado responsabilizar a la población incluso de los contagios. ¿Hay gente inclumpliendo medidas? Sí, pero también hay manipulaciones que en redes sociales han funcionado, enfrentando a personas negacionanistas con «mascarillistas».

En esa hornada caliente de sistema de culpabilidad entran en juego acciones concretas planteadas para inocular la enfermedad de la culpa en cada ciudadan@, dejando tomas de decisiones relevantes en manos de la responsabilidad ética y moral de la persona contagiada.

Sinceramente, en un país con presiones laborales ante bajas por Covid-19, picarescas diversas en incorporaciones tras infecciones, falta de personal rastreando, protocolos contradictorios, falta de sanitari@s y l@s que hay están sobreexplotad@s, junto a entes públicos incumpliendo con sus deberes mientras se suben sueldos en una crisis económica tan grande, ¿la ética y moral iban a estar presentes de manera masiva? Así que libérate de culpas si te comportaste como debías: hiciste -hicimos- lo que se pudo.

Todo el mundo deberá pasar por la enfermedad, al menos así se ha informado por todas partes. La verdadera enfermedad es dilapidar por sistema, señalar con el dedo y criticar sin mirarse al espejo. Si has cumplido con tu deber como ciudadan@ deja de sentirte mal por contagiarte y sigue haciendo las cosas como crees que deben hacerse. Lo demás moralinas 😉

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