Macrogranja: la pesadilla de la que me pude despertar

Macrogranja: la pesadilla de la que me pude despertar

Abro los ojos y solo hay luz artificial. Intento moverme, y veo hormigón en mi espalda pero casi no tengo sitio para girarme: hay unos barrotes marcando mi lomo. Estoy en una macrogranja y llevo dos años aquí.

Tengo dolores de parto. No sé cuántos lechones habré parido ya porque tras unas pocas semanas amamantando se los llevan y no los vuelvo a ver. Y así periódicamente me preñan, doy a luz, me los quitan y vuelta a empezar.

El hedor de mi zona de parto es insoportable; me lloran los ojos por el amoniaco de mis propios orines pero no conozco otra forma de vida, así que voy a concentrarme en parir a ver si esta vez salvo a todas mis crías.

BSO para leer «Macrogranja: la pesadilla de la que me pude despertar»

«Grana y Oro» de Reincidentes, porque la temática aborda el maltrato animal, y porque esta canción la he escuchado muchísimo durante mi adolescencia. Su mensaje fue clave a muchos niveles.

El contenido de la letra aborda directamente el episodio popular en el que se blanquea la tortura animal bajo un festejo nacional protegido por altos estamentos, que defienden desde las gradas las grandes dosis de sadismo practicado en plazas de toros.

Presta atención a la letra, no olvides dar al «play» ahora o una vez terminada la lectura, recuerda que cada canción sugerida como BSO para los textos es clave porque aporta mucho:

Soy una cerda reproductora en una macrogranja

Ya he parido, estoy agotada… Creo haber tenido en torno a 10 lechones pero no lo sé porque estoy encajada en mi habitáculo más sucio de lo habitual. Quiero dormir pero no puedo porque mis lechones tienen que mamar.

Como me es imposible girarme por falta de espacio, y no tengo fuerzas aún para levantarme, no sé quiénes están mamando y quiénes no. A menudo se me han muerto bebés por inanición, y lo que es más horrible: por aplastamiento porque al no poder girarme no veo dónde coloco mi cuerpo cuando me muevo escasos centímetros, así que no es la primera vez que me he aposentado encima de uno de mis lechones. Me siento mal, pero no puedo evitarlo. Lloro… lloro mucho de pena pero no se tiene en cuenta porque soy una cerda de cría.

A veces sueño con ver la luz del sol. Nunca la he visto de verdad, solo me ha llegado un brillo leve de algunos rayos que a veces asoman por unas ventanucas en la pared que da al pasillo de mi habitáculo de parto.

¿Esto es sueño o pesadilla?

Han pasado algunos días, no sé bien cuántos porque no tengo noción del tiempo, pero he conseguido ponerme de pie para comer y beber. Eso estaba bien hasta darme cuenta de que he pisado a uno de mis lechones y lo he aplastado… Estoy triste porque encima no puedo girarme para verlo.

Desde luego quiero que esta experiencia en la macrogranja desaparezca cuanto antes. Quiero vivir teniendo la oportunidad de salir al aire libre. También deseo poder moverme, ¡lo que daría por girarme bien para tener un contacto pleno con mis lechones! Pero las cancillas no me lo permiten.

Hoy el agua para beber estaba marrón. Mis heces acumuladas han enturbiado la zona de bebida, pero tengo sed: bebo y me aguanto. Alrededor hay compañeras cerdas con tumores, ojos enfermos, heridas por el roce de las barras en los lomos… Así que viendo el panorama no me quejo porque podría estar peor. Voy a intentar descansar, que no tardará mucho en iniciarse el proceso de inseminación y otra vez vuelta a empezar…

Suena el despertador y huyo de la macrogranja

Ese sonido de la alarma ha sido un alivio tan grande que miro a mi alrededor comprobando que ya no me rodea hormigón y cancillas. Efectivamente estoy en casa, en mi cama, soy humana y lo que me ha pasado es que he tenido una pesadilla terrible tras haber visionado la investigación sobre la temática macrogranja en el programa «Todo es Verdad» que se emitió por televisión hace unas semanas.

Bien es cierto que no todas las macrogranjas funcionan igual, pero me he quedado reflexionando seriamente sobre lo que supone el consumo masivo de determinados alimentos animales. Asidua a comprar carne de cerdo en diferentes formatos, desde luego tras ver el programa mencionado más arriba lloré ante la situación mostrada y también porque me sentí cómplice de las aberraciones. Por el momento en casa hemos disminuido el volumen de consumo de este tipo de carne.

Soy consciente de que la solución pasará por concienciarnos toda la gente de la situación y reformar el sistema de crianza, disminuir las extensiones y obviamente legislar mejor, supervisar, vigilar, multar por incumplimientos… Hay alternativas pero son costosas, y abrir el tema de la concienciación supone lapidación social inmediata (el Ministro de Consumo Alberto Garzón lo ha sufrido, único en poner sobre la mesa este problema y fue sentenciado públicamente sin miramientos pero admiro su valentía al hablar sobre el tema).

Lo que está claro es que en un sistema capitalista el dinero manda frente a las aberraciones: poco importa que las cerdas sufran si se mantiene el rendimiento económico.

Hablar sobre macrogranja, reflexionando desde la sinceridad

Entono el mea culpa por ser omnívora y no plantearme por ahora la opción del veganismo, pero creo que ser vegan@ no debe ser una moda y sí dar ese paso por convicción que, entiendo, pasa por unas serie de etapas en las que aún no me he iniciado siquiera. Conozco gente que lleva años siendo vegan@ y me parece admirable su postura, por lo que si decido con el tiempo modificar la ingesta de ciertos alimentos me encantará tener esa convicción plena para no sucumbir a tentaciones o excepciones. Por ahora me encuentrao en la zona de la reflexión.

Aun comiendo de todo creo importante hacer un ejercicio reflexivo sobre si todo vale con tal de tener carne en nuestras mesas, porque precisamente la autocrítica es una herramienta que bien empleada ayuda a plantear un análisis más sincero.

Todo proceso de cambio empieza dando luz a reflexiones sobre lo que no funciona bien. Sé que me expongo a recibir monsergas bienquedistas echando en cara el escribir sobre una macrogranja cuyas imágenes me han impactado mientras sigo comiendo carne de cerdo. Lo asumo, es verdad, hay contradicción, como quienes se declaran antisistemas desde su móvil por redes sociales o quienes denunciaban desde el Barrio de Salamanca la falta de libertad durante el confinamiento teniendo contratad@s -o en B- personal explotado en sus casas: todo el mundo tenemos contradicciones en nuestro día a día, tómalo en cuenta. Tú decides qué pensar libremente, y yo simplemente sigo reflexionando con libertad también, exponiendo desde la máxima sinceridad procurando la mínima doble moral posible.

¿Moralina carnívora o realidad cárnica en plato?

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