La muerte: somos lo que moverán los recuerdos, y purgar nudos es clave

La muerte: somos lo que moverán los recuerdos, y purgar nudos es clave

La muerte vive en cada persona desde el momento en el que nacemos, pero es un ejercicio que supone dolor tanto en el planteamiento del supuesto como en la consecución en seres de nuestro alrededor.

Desde pequeña reconozco que me ha impresionado pensar que un día seremos polvo en el viento, cenizas revoloteando por el aire meciéndose al compás que marquen los recuerdos de quienes nos conocieron.

Ya he escrito un texto abordando Cómo quieres que te recuerden cuando mueras porque estoy segura de que seguiremos con vida gracias a quienes nos rememoren, pero es necesario purgar nudos de quienes se quedan para que recuerden y avancen y en ello estoy.

BSO para degustar la lectura de «La muerte: somos lo que moverán los recuerdos»

«Requiem» de Toundra, una formación estatal ligada a los desarrollos del post rock en diversas vertientes que sigo desde hace años y que me fascina. La música refleja perfectamente un sentimiento profundo de despedida que resulta conmovedor.

Cuando escuché este tema recientemente se me volvieron a saltar las lágrimas por toda la emoción que remueve ante una despedida -recientemente pasé por una-, y con esta pieza de fondo nacieron las palabras viscerales que leerás más abajo (una purga emocional que necesitaba).

Recuerda dar al play y leer, o bien leer y después disfrutar de la pieza sugerida pero en cualquier caso recuerda que la música que te expongo en cada fideo de opinión enfatiza el mensaje:

Qué recuerdos despertemos al irnos sí importa

Miro a mi pequeña y a menudo me pregunto cómo nos recordará ella cuando sea mayor y yo ya no esté en este plano. Le doy mucha importancia, y en cierto modo es un motor que día a día me ayuda a esforzarme para mantenerme en el camino que considero correcto.

Sé que puede sonar morboso hablar de la muerte, pero te prometo que no quiero ese enfoque y sí busco el emocional, el que te encoge el corazón y deja impronta reflexiva. Así que en ese ejercicio, duro en este planteamiento -lo sé-, quiero que por un momento cierres los ojos y veas a quienes están a tu alrededor y te preguntes «¿qué recordarán de mí?», y cuando lo tengas claro trabaja a diario para ponérselo más fácil y que efectivamente puedan recordarte así.

Yo quiero que mi hija sonría al recordarme y mantenga viva en su interior la imagen de una mujer luchadora, independiente, creativa, combativa, inconformista, sensible… Ojalá me recuerde con mucho cariño: si al final resulto ser uno de sus referentes me daré por satisfecha, y seré yo quien sonría orgullosa desde el otro lado.

Es difícil decir adiós

Todo lo que rodea a la muerte me genera una sensación extraña y es porque no lo tenemos asimilado pero, ¿quién puede interiorizar que venimos para irnos?

Lo que dejamos atrás duele, por eso cuando alguien se va se activan miedos y reflexiones de muchos tipos en quienes velan y despiden a la persona difunta. Pero la muerte ejerce un poder curioso: es capaz de mitigar el dolor generado en vida, propiciando perdón si consigues deshacerte del rencor.

Incluso cuando en vida ha habido dolor, la muerte es capaz de desatar nudos aplanando caminos que estuvieron llenos de piedras, y en ese sentido reconozco que tiene esa parte buena de permitir que quien se va y obró a veces mal -tod@s lo hacemos, nadie se libra de cagarla una y mil veces a lo largo de la existencia- pueda irse en paz.

Desde luego todo lo que despierta despedirse para siempre duele, y mucho. En función del calor emocional existente entre quien se va y quien se queda, el dolor ante la pérdida aumenta exponencialmente, pero incluso si no hubo una relación intensa la pesadumbre no falta. Y nadie debe cuestionar que te duela una despedida, porque hasta las relaciones más frías entienden de pena ante la muerte

Si alguien fallece quédate con los recuerdos bonitos que tengas

Esta premisa sigue latente desde hace años, cuando empezaron las despedidas en la familia directa y en la que eliges (amistades). La purga emocional forma parte del proceso, y debe estar presente para que podamos evolucionar como personas. Al menos a mí me funciona, ya que el dolor no sé curarlo más que con las lloreras y los textos intensos como este.

Desde luego te confieso que estoy tecleando motivada por una reciente despedida en la familia que me ha generado una serie de emociones encontradas a muchos nieveles. Llevo días pensativa, y lo mismo me ocurrió en las dos anteriores ocasiones que pasé por el trance (mismo rango familiar que quien se ha ido). Supongo que forma parte de mi particular duelo.

Así que en estos momentos solo queda reflexionar, purgar y aprender de lo experimentado en vida. Pero ante todo he comprendido que solo podré avanzar enterrando aquellos nudos que un día complicaron la cuerda de la vida

Lo mejor es aferrarse a los recuerdos compartiendo buenos momentos, porque los hubo: creo que hacerlo es una gran despedida para quienes se fueron, y la mejor cura emocional para quienes nos quedamos… Me acojo a este necesario aprendizaje que me ha liberado muchísimo, y lanzo una mirada llena de lágrimas al cielo para quienes ya no están: os recordaré siempre con aquella mirada de niña que un día fui. D.E.P.

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